martes, 5 de diciembre de 2017

Efectos adversos del miedo y la inseguridad

Siempre digo, nadie es perfecto, de alguna u otra manera todas las personas venimos falladas de fábrica, algunas más que otras. Temas emocionales, inseguridades de la infancia que se arrastran hasta la adultez, u otras veces adquiridas en medio del camino.
A veces no nos damos cuenta de nuestros problemas o de si algo raro anda por aquí dentro y arriba, hasta cuando por fin la vida nos pone de cara con ello. Los días van, los días vienen hasta que nos percatamos que aquellos "problemas" han empezado a sabotear nuestras metas, y las relaciones con nosotros mismos y con quienes nos rodean, poniéndose en el camino para detener el despegue hacia nuestra mejor versión.

Una de las peores cosas que podemos permitir albergar en nuestro interior es: el miedo mezclado con la inseguridad. Miedo a reinventarse e inseguridad de sentirse capaz de hacer las cosas mejor y distintas.
Miedo a fallar y no complacer a nuestra familia, por ejemplo. Miedo a no ser socialmente "perfectos", a no cumplir los estándares. Miedo a decepcionar y no ser lo que otros esperaban, tanto así que nos olvidamos de qué es lo que esperábamos de nosotros, cuál es el sueño, cuál es la meta.

Miedo a dejar atrás a la niña o al niño, pues es más fácil acostumbrarse a sentirnos incapaces, a no tomar responsabilidad de nuestro bienestar. Miedo a crecer, con la idea equivocada que crecer y ser "grande" implica ser aburrido o amargado, cuando es todo lo contrario, y que aunque implique mayores responsabilidades también trae libertad. Pero eso no se puede reconocer cuando se vive con miedo e inseguridad frente a la vida.

La inseguridad y el miedo nos quita hasta las ganas de atreverse a soñar.

Vivir con miedo e inseguridad trae efectos colaterales, no nos permite ver las oportunidades, nos hacer conformistas, hace que no reconozcamos nuestro valor o que no nos atrevamos a descubrirlo, viéndonos como poquita cosa, como si todo el mundo nos estuviera haciendo un favor, hace que solo nos concentremos en nuestros defectos y debilidades, nos quita nuestra voz, la fuerza para soñar y perseguir nuestros sueños. Nos quita la voluntad para sentirse capaz, y con ello destruye el autoestima. Es un virus que se hace más grande con cada cosa que nos va quitando. Nos convierte en un títere sin personalidad en nuestras relaciones interpersonales a cualquier plano, volviéndonos complacientes y sumisos. El miedo y la inseguridad se lleva cualquier oportunidad de volvernos un@s ganador@s frente a la vida.

Si vivimos con miedo e inseguridad, no importa cuántos títulos tengamos, o cuánto conocimiento adquiramos, ni nuestra posición, todo se irá al agua porque no podremos estar en la capacidad de reconocer nuestro valor.

He pensado que, la vida es una sola, no es como cuando tengo una prenda de ropa y se me estropea y digo "bah, qué importa me compraré una nueva". Eso no aplica para mi vida, si esta no la vivo bien y plenamente, no podré comprar una nueva, no hay segunda chance, ni repechaje, es ésta y ya, se acabó. Pero lo que sí tenemos es hoy y Dios quiera un mañana también, para volverlo a intentar, hacerlo mejor, reinventarnos y ser otra versión mejorada. ¿por qué? y por qué no?